"Melancolía, ese álbum de viejas fotos,
melancolía, al recordar los sueños rotos,
melancolía, cuantos y cuantas saben de qué hablo
para vosotros esto va dedicado."
Melancolía, es alguien que no te ama
que te tienta, pero no entras en su cama,
melancolía, tristeza vaga, profunda y sosegada
mucho que hacer sin ganas de hacer nada."
"Mucho que hacer sin ganas de hacer nada..." Sí, así me siento yo en ese instante. No es fácil levantarte cada día, sabiendo que todo seguirá siendo la misma rutina, que nada cambiará, y si es así, ¿para qué levantarse? ¿Para qué despertarse y alejarse de un mundo mejor: el de los sueños?
Tristeza vaga, profunda y sosegada. Justo lo que se manifiesta en mi interior.
A veces siento que no soy importante en este mundo, que sólo soy una gota de agua más en un mar inmenso.
Sí, pensándolo bien, todos formamos parte de ese mar, y a todos nos llegará el momento de alejarnos de él, de convertirnos en vapor y abandonar lo que había sido un hogar.
Tarde o temprano pasará, ¿qué le vamos a hacer? Muchos, querrán adelantar ese momento, y no les culpo, a m también me gustaría irme, desaparecer...
Y es que todos somos gotas de agua, en un inmenso mar, pero el mar sería menos, si le faltara una gota...
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Nadie muere virgen, la vida nos jode a todos. Absténganse sensibles, porque les diré cosas no aptas para todos los públicos.
domingo, 22 de mayo de 2011
A mi mayor confidente.
Este infernal dolor de cabeza me invade. Ya no sé quién soy, ni por qué estoy aquí. He perdido la razón de vivir, que hace tiempo había recuperado. Para ello había aprendido a ignorar los problemas, a sonreír y a seguir adelante, pero esa técnica parece ya no dar resultado.
"La ignorancia hace la felicidad" dicen, y razón les doy, pues todos éramos más felices en nuestra tierna infancia, cuando no sabíamos las oscuras verdades acerca del mundo real. Todo era más fácil de aquella. La única razón por la que podías llorar era haber perdido, caerte y hacerte daño, o el simple hecho de que tus padres no te comprasen lo que deseabas. Sí, en un tiempo fui realmente feliz, ¿quién lo iba a decir? Pero la cruda realidad, es que la vida no es más que una decepción tras otra, con alguna buena noticia por el medio.
Para vivir, es necesario sufrir, aunque no sé cuánto tiempo más podré aguantar este maldito sufrimiento.
Quizás, en sese momento, ya no sea yo, pues no me siento como antes. O tal vez sí lo soy, he vuelto a ser yo, aquella chica a la que recuerdo con sus peridos de depresión constantes. Puede que la otra yo, la que era feliz, no lo fuera realmente y, simplemente se escondiera tras una máscara, que ocultaba lo que de verdad sentía.
No lo sé, la verdad. No soy aficionada a contarle a todo el mundo cómo me siento en cada momento, llegando a aburrir incluso; en realidad, tengo tendencia a guardármelo todo dentro, para luego contárselo a mi mayor confidente: el papel.
Por eso necesito ayuda; gritos de auxilio, de salvación, de no poder más con esta tortura, de ver alejarse cada vez más a la última sonrisa verdadera que esbocé.
Necesito ayuda, pero grito en silencio, sin esperar que nadie me oiga, pero sabiedo que sólo así, mi conciencia permanecerá tranquila.
A mi mayor confidente, tú que siempre guardas mis secretos, mis sensaciones y sentimientos, mis historias, mis perspectivas de la vida. Al papel.
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"La ignorancia hace la felicidad" dicen, y razón les doy, pues todos éramos más felices en nuestra tierna infancia, cuando no sabíamos las oscuras verdades acerca del mundo real. Todo era más fácil de aquella. La única razón por la que podías llorar era haber perdido, caerte y hacerte daño, o el simple hecho de que tus padres no te comprasen lo que deseabas. Sí, en un tiempo fui realmente feliz, ¿quién lo iba a decir? Pero la cruda realidad, es que la vida no es más que una decepción tras otra, con alguna buena noticia por el medio.
Para vivir, es necesario sufrir, aunque no sé cuánto tiempo más podré aguantar este maldito sufrimiento.
Quizás, en sese momento, ya no sea yo, pues no me siento como antes. O tal vez sí lo soy, he vuelto a ser yo, aquella chica a la que recuerdo con sus peridos de depresión constantes. Puede que la otra yo, la que era feliz, no lo fuera realmente y, simplemente se escondiera tras una máscara, que ocultaba lo que de verdad sentía.
No lo sé, la verdad. No soy aficionada a contarle a todo el mundo cómo me siento en cada momento, llegando a aburrir incluso; en realidad, tengo tendencia a guardármelo todo dentro, para luego contárselo a mi mayor confidente: el papel.
Por eso necesito ayuda; gritos de auxilio, de salvación, de no poder más con esta tortura, de ver alejarse cada vez más a la última sonrisa verdadera que esbocé.
Necesito ayuda, pero grito en silencio, sin esperar que nadie me oiga, pero sabiedo que sólo así, mi conciencia permanecerá tranquila.
A mi mayor confidente, tú que siempre guardas mis secretos, mis sensaciones y sentimientos, mis historias, mis perspectivas de la vida. Al papel.
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